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María Magdalena Tóffoli

La construcción de la representación gremial en la
economía popular. Estrategias políticas, sindicales y
feministas de la CTEP durante el gobierno de Macri
(Argentina, 2015-2019)

María Antonia Muñoz
INHUS-CONICET/UNMDP

mariaantoniamunoz@gmail.com

Ivana Parcero Páez
INHUS-CONICET/UNMDP

ivanaparcero@gmail.com

Agustina Rodríguez Irigaray
UNMDP

agustinaririgaray@gmail.com

The Construction of Union Representation in the Popular Econ-
omy. Political, Union, and Feminist Strategies of the CTEP during
the Macri Administration (Argentina, 2015-2019)

A Construção da Representação Sindical na Economia Popular.
Estratégias Políticas, Sindicais e Feministas da CTEP durante o
Governo de Macri (Argentina, 2015-2019)

Fecha de recepción: 20 de septiembre de 2024
Fecha de aprobación: 31 de marzo de 2025

Resumen
Este artículo tiene como objetivo analizar cómo la Confederación de Trabajado-

res de la Economía Popular (CTEP) implementó estrategias sindicales y políticas
durante el gobierno de Mauricio Macri (2015-2019), considerando el impacto de
las demandas feministas en estas. Se seleccionó una metodología cualitativa
que combina entrevistas en profundidad a referentas de la CTEP con el análisis
del discurso de fuentes periodísticas y documentos producidos por las organiza-
ciones. Se define la estrategia sindical como el conjunto de acciones destinadas
a representar los intereses de los miembros y mejorar sus condiciones laborales,

Año 10. Nº 22. Julio 2025

232 233

mientras que la estrategia política se entiende como acciones orientadas a desa-
fiar y reconfigurar el lugar de los y las trabajadoras de la economía popular en la
escena pública institucional. La conclusión destaca que la articulación de estas
estrategias, junto con la emergencia de las demandas feministas, no solo facilitó
un proceso de representación, sino que también promovió una nueva subjetivi-
dad que cuestionaba discursos, identidades, instituciones, economía y Estado.
Palabras clave: CTEP, estrategias sindicales y políticas, feminismo, sujeto político

Abstract
This article aims to analyze how the Confederation of Workers of the Popu-

lar Economy (CTEP) implemented union and political strategies during the gov-
ernment of Mauricio Macri’s (2015-2019), considering the impact of feminist de-
mands on them. A qualitative methodology was selected, combining in-depth
interviews with CTEP leaders with discourse analysis of journalistic sources and
documents produced by the organizations. Union strategy is defined as the set
of actions aimed at representing the interests of its members and improving
their working conditions. In contrast, political strategy is understood as actions
oriented to challenge and reconfigure the perception of the place of workers in
the popular economy within the institutional public sphere. The conclusion high-
lights that the articulation of these strategies, along with the emergence of fem-
inist demands, not only facilitated a representation process but also promoted
a new subjectivity that questioned discourses, identities, institutions, economy
and state.
Keywords: CTEP, union and political strategies, feminism, political subject

Resumo
Este artigo tem como objetivo analisar como a Confederação dos Trabalhado-

res da Economia Popular (CTEP) implementou estratégias sindicais e políticas
durante o governo de Mauricio Macri (2015-2019), considerando o impacto das
demandas feministas sobre elas. Foi selecionada uma metodologia qualitativa,
combinando entrevistas em profundidade com lideranças da CTEP com a aná-
lise de discurso de fontes jornalísticas e documentos produzidos pelas organi-
zações. A estratégia sindical é definida como o conjunto de ações destinadas
a representar os interesses de seus membros e melhorar suas condições de
trabalho, enquanto a estratégia política é entendida como ações orientadas a
desafiar e reconfigurar a percepção do lugar dos trabalhadores e trabalhadoras
da economia popular na esfera pública institucional. A conclusão destaca que
a articulação dessas estratégias, juntamente com a emergência das demandas
feministas, não apenas facilitou um processo de representação, mas também
promoveu uma nova subjetividade que questionava discursos, identidades, ins-
tituições, economia e Estado.
Palavras-chave: CTEP, estratégias sindicais e políticas, feminismo, sujeito
político

María Antonia Muñoz, Ivana Parcero Páez y Agustina Rodríguez Irigaray

Introducción
La creación de la CTEP en 2011 marcó un hito en la organización de los y

las trabajadoras de la economía popular en la Argentina. Esta ha sido obje-
to de análisis de numerosos estudios desde diferentes perspectivas. Algu-
nos permiten entenderla como un proceso de transformación histórica en la
organización de los sectores excluidos del mercado laboral, así como tam-
bién como una innovación influida por el proceso de revitalización del actor
sindical y las políticas públicas (Fernández Mouján et al., 2018; Rach, 2022,
Muñoz y Villar, 2017; Natalucci y Mate, 2020). Otros analizan cómo han ido
mutando las demandas asociadas al trabajo no formal desde la aparición
de organizaciones de trabajadores desocupados (“piqueteros”) a mediados
de los años ‘90, en un contexto de exclusión laboral y aumento del desem-
pleo, hasta la formación de la CTEP. Aquí suele destacarse que esta última
introdujo un elemento novedoso a la escena política; del reclamo por trabajo
“digno” al reclamo por el reconocimiento del trabajo en la economía popular
(Trujillo et al., 2022; Maldovan Bonelli y Fernández Mouján, 2019). Los estu-
dios además coinciden en que el proceso de revitalización sindical duran-
te los gobiernos de Kirchner (2003-2007) y Fernández de Kirchner (2007-
2011/2011-2015) marcó un modelo exitoso de organización que, sumado a la
implementación de un conjunto de políticas orientadas al sector informal,
representaron un marco de oportunidad para impulsar la estrategia de orga-
nizarse alrededor del modelo gremial (Rach, 2022; Tóffoli, 2020).

Ahora bien, durante el periodo del gobierno de Macri (2015-2019), la CTEP
se consolida a nivel nacional. En este sentido, algunos trabajos sostienen que
la CTEP se orientó a buscar principalmente el reconocimiento gremial, a la
vez que ganó protagonismo en el marco del crecimiento de la protesta social
(González, 2021). Otros estudios argumentan cómo aumentó su papel de in-
termediación con el Estado durante este período, a pesar de que esta gestión
se caracterizó por la implementación de un modelo de ajuste fiscal y reformas
estructurales que afectaron profundamente el mundo del trabajo (Pérez Vie-
gas, 2023). El gobierno de Cambiemos promovió políticas de precarización
laboral y disciplinamiento sindical, al mismo tiempo que impulsó un reper-
filamiento de las políticas sociales y el endeudamiento externo como pilar
de su gestión económica (Ruiz Malec, 2019). El paradigma laboral cambió de
manera radical, trasladando la responsabilidad del empleo a los individuos,
lo que se tradujo en la promoción del “cuentapropismo”, la desregulación del
empleo formal y el debilitamiento de la institucionalidad laboral. En lugar de
políticas de generación de empleo de calidad, se incentivó la flexibilización
y la reducción de costos laborales, afectando principalmente a los sectores
más vulnerables. En este contexto, los sindicatos enfrentaron una ofensiva
que incluyó la represión a las protestas laborales, la eliminación de progra-
mas de apoyo a la formación profesional y la reducción de los presupuestos
destinados a la fiscalización del empleo (Ghigliani, 2020; Ruiz Malec, 2019).

La construcción de la representación gremial en la economía popular...

234 235

De esta manera, la CTEP enfrentó un proceso plagado de tensiones. Como
señalan Logiudice (2020) y Seijó (2017), la masividad de la política asisten-
cial continuó como forma de disminuir la conflictividad laboral y sostener la
autoridad estatal. Esto le ofreció a la organización un marco de oportunidad
para consolidar su protagonismo en la relación de conflictividad/negocia-
ción con el Estado. No obstante, ni la política del gobierno se orientaba a
ofrecer condiciones dignas de vida ni la negociación de la política asistencial
era el lugar que quería ocupar la CTEP. Otro aspecto a destacar es que las
políticas de ajuste tuvieron un impacto desigual en la sociedad, afectando
especialmente a las mujeres, profundizando la feminización de la pobreza,
la precarización de sus empleos y su participación en la organización social
de los cuidados (Ruiz Malec, 2019; Degliantoni, 2019).

A pesar del novedoso consenso electoral y social generado por esta agen-
da, este período también estuvo marcado por una oposición asociada a una
densidad histórica en materia de organización social. En particular, el reno-
vado protagonismo del movimiento feminista a partir de 2015 ofreció un nu-
evo marco para reorganizar las demandas asociadas a la igualdad de género
al interior de las organizaciones (Iturbide, 2021; Arriaga y Aspiazu, 2022). Las
redes del sindicalismo feminista, las movilizaciones masivas como “Ni Una
Menos” (NUM), el reclamo por la legalización del aborto (marea verde) y los
paros internacionales de mujeres trabajadoras (8M) se articularon con la lar-
ga trayectoria de las organizaciones populares al interior de la CTEP que
enfrentaron los cuidados comunitarios en respuesta al desmantelamiento
de las protecciones sociales en los noventa. Estas organizaciones, mayori-
tariamente conformadas por mujeres, sostuvieron las labores comunitarias
y reorganizaron la vida cotidiana en los barrios (Svampa y Pereyra, 2004)
ganando protagonismo en la provisión de bienestar y en la distribución soci-
al del cuidado (Paura y Zibecchi, 2014)1. Esta “nueva ola” puso en agenda la
violencia de género y las libertades sexuales, pero, sobre todo, puso en ten-
sión la cuestión del valor del trabajo que realizan las mujeres en la sociedad
capitalista contemporánea (Varela, 2020).

Este artículo tiene por objetivo analizar cómo la CTEP desplegó estrategias
sindicales y políticas durante el gobierno de Macri, prestando atención a las
que apuntaron a mejorar las condiciones de igualdad en materia de género.
Haremos referencia a estrategias sindicales como el conjunto de prácticas y
acciones coordinadas que las asociaciones realizan orientadas a influir so-
bre otros actores, al momento de representar, negociar y defender los intere-
ses de los miembros de dichas asociaciones (Krein y Teixeira, 2014) Para ello

1- Los estudios han abordado el cuidado comunitario desde diferentes dimensiones: la
diversidad de configuraciones laborales que lo componen (Fournier, 2022), las trayectorias
laborales de las mujeres cuidadoras y la resignificación del acto de cuidar como estrategia
de capitalización de su experiencia (Zibecchi, 2014a, 2014b).

María Antonia Muñoz, Ivana Parcero Páez y Agustina Rodríguez Irigaray

se tendrá en cuenta la estructura organizativa, la movilización de recursos
que posea tanto para la protesta como para influir sobre actores claves, y las
alianzas y/o coaliciones con otras organizaciones o movimientos sociales
y sectores gubernamentales. Estas estrategias deben ser entendidas como
relacionales, en tanto poseen una doble dimensión: son constituidas y a la
vez constituyentes del campo de fuerzas en que se inscriben (Soul, 2006).

Como vimos, desde su constitución en el 2011, la CTEP tuvo como objetivo
no simplemente representar los intereses de sus bases, sino también cons-
truir su identidad e instalarla en el espacio público, conquistando su legitimi-
dad y legalidad como trabajadores y trabajadoras. Es decir, estas prácticas
encaminadas a conquistar recursos para el sector también fueron prácticas
orientadas a producir un nuevo lugar de enunciación en el escenario político,
público e institucional que ponía en cuestión posiciones hegemónicas. Si
bien este proceso es previo al gobierno de Macri, es durante esta gestión
donde se profundizan estas prácticas.

De este modo, aquí se definirá la estrategia política como conjunto de ac-
ciones que buscan desafiar y reconfigurar la percepción en torno al lugar de
los trabajadores y las trabajadoras de la economía popular en el orden social,
bajo la premisa de su igualdad como sujeto de derecho frente a otros y otras
trabajadoras, y antagonizando con posiciones hegemónicas2. Además, se
suma a esa puesta en cuestión la introducción de las demandas feministas,
que genera nuevas subjetividades políticas a través de acciones que pusie-
ron en discusión el lugar de las mujeres y sus organizaciones en relación con
el trabajo de cuidado.

Para avanzar sobre la investigación se realizó una triangulación en las téc-
nicas de análisis del discurso, observación participante y análisis de fuentes
secundarias. Se analizaron entrevistas realizadas a referentes nacionales
y locales de la CTEP, declaraciones recopiladas de diferentes fuentes pe-
riodísticas, y documentos producidos por las organizaciones. Estas fuentes
fueron recolectadas principalmente en el marco de los proyectos “Género,
organización gremial y políticas públicas: las estrategias políticas y sindi-
cales de las trabajadoras de la economía popular (2020-2023)3” e “Impacto
territorial de las políticas de articulación local implementadas en el contexto
del COVID-19 en barrios populares de Gral. Pueyrredón: capacidad de res-
puesta a las necesidades emergentes y propuestas para su fortalecimiento
(COVID-Federal)”4.

2- Como indicadores, entenderemos las acciones orientadas a marcar posiciones antagó-
nicas con otros, la búsqueda de alianzas en pos de construir un espacio común de disenso,
la construcción de sentidos asociados al trabajo y los derechos.
3- Realizado en el marco de la convocatoria PICT, del Fondo para la Investigación Científi-
ca y Tecnológica (FONCyT).
4- Financiado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación.

La construcción de la representación gremial en la economía popular...

236 237

El artículo se estructura en distintas secciones. En la primera, se aborda-
rán las estrategias sindicales y las estrategias políticas, teniendo en cuenta
cómo se vinculan o se ponen en tensión. Se retoma el caso de la demanda
por la Ley de Emergencia Social (LES) y cómo, si bien tuvo resultados limi-
tados en materia de mejoras para el sector, contribuyó al reconocimiento
político, en tanto que denominó a los integrantes de la CTEP como “traba-
jadores”. Luego se explora la inclusión de las demandas feministas dentro
de la organización, puntualizando en la forma en que emergieron prácticas
que tuvieron como objetivo disputar la igualdad de género a través de las
estrategias de transformación organizativa, formación de alianzas y visibi-
lización de las desigualdades. En este sentido, nos parece clave analizar la
consolidación de la Rama Sociocomunitaria como espacio clave en la histó-
rica lucha por el reconocimiento de los cuidados. Finalmente, se esbozan las
principales conclusiones. Sostendremos que el éxito de la estrategia sindical
estuvo enlazada al éxito de la estrategia política (tanto en términos genera-
les como en materia de género), por lo que los argumentos asociados a que
se trataba de una organización anclada en la asistencia social son insufi-
cientes en numerosos sentidos.

1. Las estrategias gremiales son también políticas

Para no discutir migajas, hay que discutir en qué sistema vivimos.
Resumen Latinoamericano (2016, 3m21s)

Desde su creación, la CTEP se autodefinió como una organización gremial
multitendencial (en materia ideológica política), de carácter reivindicativo y
gremial, independiente de partidos políticos, con la intención de agrupar la
mayor cantidad y diversidad de organizaciones sociales, territoriales y po-
líticas, reconociendo sus orígenes en el movimiento piquetero, pero reivin-
dicando la tradición sindical argentina (Muñoz y Villar, 2017; Morris, 2019).
Durante sus primeros años buscó consolidar su estructura nacional, así
como también sus regionales y seccionales. En el período del gobierno de
Macri, logró afianzar un órgano ejecutivo nacional y una incipiente organi-
zación por ramas de actividad al articular diversas organizaciones sociales
y políticas en torno a la defensa de los derechos de los trabajadores y las
trabajadoras de la economía popular, en un contexto de ajuste económico
y ataque a los derechos laborales. En su interior, la heterogeneidad de las
organizaciones integrantes y la presencia de organizaciones políticas gene-
raron desafíos en la coordinación de estrategias unitarias y en la atención
de demandas gremiales específicas (Natalucci y Paschkes Ronis, 2011). La
diversidad de trayectorias, culturas organizativas y posicionamientos polí-
ticos de las organizaciones que la componían implicó un constante trabajo
de articulación y negociación. Previo al 2016, la CTEP había adoptado un

María Antonia Muñoz, Ivana Parcero Páez y Agustina Rodríguez Irigaray

enfoque más flexible sobre la postura de las organizaciones en relación con
los diferentes niveles de gobierno, permitiendo que cada una decidiera sus
acciones específicas de negociación y conflicto. No obstante, el reposicio-
namiento como oposición frente al gobierno de Macri, así como la consoli-
dación de la mesa de coordinación nacional y la conquista de la personería
social, fueron en consonancia con las acciones tanto de protesta como de
negociación con el Estado5. Durante todo el período, la CTEP mantuvo una
fuerte presencia en las calles, impulsando y participando en movilizaciones
masivas, cortes de ruta y otras acciones de protesta para visibilizar sus de-
mandas, creando alianzas con otras organizaciones sociales y sindicales
para fortalecer la capacidad de presión hacia el gobierno nacional (Forni et
al.
, 2020; Silva Mariños, 2020). A su vez, buscó espacios de diálogo y nego-
ciación con diferentes instituciones públicas para obtener recursos y discutir
el reconocimiento laboral del sector (Rach, 2022; Bruno et al., 2017).

Como se mencionará más adelante, la lucha por la Ley de Emergencia So-
cial (LES) se destaca como ordenador de la actividad sindical de CTEP en
este período. Este reclamo ganó masividad con una serie de manifestacio-
nes públicas inauguradas con la marcha de San Cayetano de 2016 y gene-
ró articulaciones con otras organizaciones sociales de talla nacional (como
la Corriente Clasista Combativa y Barrios de Pie) y sindicatos tradicionales,
entre otros. Además, estas movilizaciones tuvieron como efecto instalar un
lugar común para los trabajadores y las trabajadoras de la economía po-
pular, más allá de las diferencias organizativas e ideológicas de las organi-
zaciones participantes. La consigna “Paz, Pan y Trabajo”, heredada de las
movilizaciones sindicales de la Confederación General del Trabajo (CGT) en
los años ‘80, fue resignificada al incorporar demandas más amplias como
“Tierra, Techo y Trabajo”, que reflejaban no solo las necesidades de este gru-
po laboral sino la existencia de un orden social excluyente. En este sentido,
las marchas de San Cayetano no eran solo una expresión de las demandas
gremiales del sector, sino también una acción política que disputaba el lugar
de los trabajadores y las trabajadoras informales en el sistema económico y
social argentino (González, 2021).

Se pueden enumerar otras acciones que rebasaron la representación sec-
torial: el acampe de varios días en contra del encarcelamiento de Milagro
Sala (referente de la organización Tupac Amaru), el rechazo a los tarifazos
energéticos, la lucha contra la precarización laboral, las movilizaciones en
contra de los despidos en conjunto de la Asociación de Trabajadores del

5- El nivel seccional desempeñó las mismas funciones que el nacional dentro de su ámbito
territorial correspondiente. La estructura en algunos casos se completó con delegados de
base electos en cada unidad productiva. Las seccionales tuvieron autonomía para definir
estrategias y acciones acordes a las realidades locales, pero en coordinación con las defi-
niciones del nivel nacional.

La construcción de la representación gremial en la economía popular...

238 239

Estado (ATE) y con sectores de la CGT. Durante el segundo período (2017-
2019), se destacan las marchas solicitando la Ley de Emergencia Alimentaria
(LEA), los pedidos por leyes específicas del sector y las marchas en apoyo a
los paros de la CGT que rechazaban las políticas del gobierno, en particular
las reformas laboral y previsional. Además, se multiplicaron las protestas de
alcance local asociadas a la demanda de asistencia alimentaria bajo el for-
mato de olla popular, donde se comenzó a visibilizar y construir lo que sería
la rama sociocomunitaria.

Las protestas no solamente contenían demandas corporativas y deman-
das generales, sino que eran enmarcadas en sentidos asociados a lo que
representaba esta identidad que se quería construir: “Somos parte de la cla-
se trabajadora que fue expulsada de la producción y del empleo formal (...)
Estamos luchando contra un modelo que nos quiere dejar afuera. No pode-
mos permitir que nos sigan marginando”, sostenía el Secretario General de
la CTEP en el año 2016 en el contexto de la marcha en demanda de la LES
(Castro, 2016).

Estas acciones de confrontación no eliminaron las formas de negociación
con el Estado, centradas principalmente en la demanda de la personería gre-
mial, la implementación de la LES, la extensión de la emergencia alimentaria
y la participación en el Consejo del Salario (Silva Mariños, 2020). Incluso en
el 2016, la Secretaría de Economía Social incorporó a las organizaciones de
la economía popular como Entes Ejecutores del PRIST6, a diferencia del pe-
ríodo anterior en que su administración estaba en manos de los municipios
(Hudson, 2022). Entre otras cosas, esto le permitió a la CTEP construir una
pauta regularizada de interacción formal con el Estado que implicó su papel
activo como operador de políticas sociales (Pérez Viegas, 2023).

Vemos así que, entre estos procesos de confrontación y negociación, la
CTEP logró conquistar ciertos recursos sin abandonar su posición antagóni-
ca. Para finales del 2018, el programa Salario Social Complementario (SSC)
alcanzaba a 269.874 trabajadores y trabajadoras y el programa Hacemos Fu-
turo, a 247.169. De esos números, gran parte de esos trabajadores y trabaja-
doras era parte de la CTEP (Trédici et al., 2023). Este aumento en la cobertura
no implicó necesariamente una mejora en sus condiciones de vida, ya que el
gobierno implementó una estrategia de ‘reperfilamiento’ de la asistencia so-
cial, que incluyó la depreciación del poder adquisitivo de las transferencias y
la eliminación de programas históricos como Ellas Hacen y Argentina Traba-
ja, reemplazándolos por Hacemos Futuro, con un enfoque más restrictivo y
orientado a la capacitación individual (Logiudice, 2020). Entre el 2016 y 2017,
las demandas se reorientaron también hacia el Ministerio de Trabajo y Se-
guridad Social (MT), a diferencia del período previo en el que el principal in-
terlocutor fue el Ministerio de Desarrollo Social (MDS) (Muñoz y Villar, 2017).

6- Programa de Ingreso Social con Trabajo, también llamado “Argentina Trabaja”.

María Antonia Muñoz, Ivana Parcero Páez y Agustina Rodríguez Irigaray

Este cambio estaba orientado a mostrarse como una organización sindical
y no de asistencia social.

La demanda por la personería gremial comenzó bajo el gobierno de Fer-
nández de Kirchner y continuó durante la administración de Macri. Esta ins-
cripción es requisito primordial para ser reconocida como una organización
con legitimidad para asumir la representación gremial del sector. De este
modo, la obtención de la personería se constituyó como demanda primordial
no solo porque significaba el reconocimiento formal de la CTEP como orga-
nización gremial, sino que también porque representaba una reivindicación
política: el derecho de las trabajadoras y los trabajadores no asalariados a
ser representados, y a disputar los derechos laborales históricamente reser-
vados al sector formal. En diciembre de 2015, en las vísperas de la salida del
gobierno de Fernández de Kirchner, le fue otorgada la personería social (N.º
1727/2015), que suponía un régimen de agremiación complementaria (“sim-
ple inscripción”), limitando la capacidad de negociación colectiva. Esta fue
reglamentada por el gobierno de Macri (Resolución N.º 32/2016) y la CTEP se
registró como Asociación Civil de los Trabajadores de la Economía Popular
(ACTEP)7. Ahora bien, esto disparó la discusión en torno a si dicha inscrip-
ción alcanzaba como reconocimiento del sector o no. Aunque la inscripción
permitía cierto reconocimiento de las organizaciones, durante el gobierno de
Macri, el modelo de políticas dirigidas al sector tuvo una orientación asisten-
cial, marcada por nominaciones como “efectores de desarrollo local” o “be-
neficiarios” y, lo más importante, ninguna política de dignificación del trabajo
(tanto en ingresos como en el carácter simbólico de los mismos). En este
marco, la insistencia de la CTEP en obtener la personería gremial se mantuvo
durante todo el período, poniendo a prueba el lugar en que los ponía la nueva
institucionalidad y la percepción de lo que se suponía que tenían que ser los
y las trabajadoras.

Otro aspecto relevante fueron las alianzas construidas con otras organiza-
ciones y sectores del sindicalismo tales como la CGT, las dos Centrales de
Trabajadores de la Argentina (CTA Autónoma y de los Trabajadores) con las
que se compartía el diagnóstico de la situación y la oposición a las políticas
macristas, algo novedoso comparado con el período previo (Muñoz y Villar,
2017). Estas alianzas significaron un fortalecimiento en la capacidad de ne-
gociación en materia “gremial”, y resignificaron el lugar de los trabajadores
y las trabajadoras populares al integrar acciones conjuntas con otros orga-
nismos sindicales. El apoyo de la CGT fue sustantivo para generar la sanción
de la LES a fines del 2016 y la LEA en el 2019 (ambas claves para mejorar los
recursos para el sector), pero, además, estas alianzas impactaron sobre las

7- La CTEP fue la primera organización en integrarse a este registro mediante la Resolu-
ción N.º 21 del MTEySS, seguida por otras organizaciones de la economía popular y empre-
sas autogestionadas, como FECOOTRA y la CCC.

La construcción de la representación gremial en la economía popular...

240 241

formas de comprensión en torno a lo que significa este colectivo. En el 2016,
el Secretario General de la CGT y orador del acto final de la marcha de San
Cayetano sostuvo:

Estamos forjando esa herramienta común entre el sindicalismo orga-
nizado y los movimientos sociales de este país, los trabajadores confe-
derados que tienen convenio colectivo y seguridad social, y los millones
de compatriotas que todos los días se levantan sin saber qué van a po-
ner sobre la mesa el final del día (La Tinta, 2016).

En septiembre, Daer (integrante del triunvirato de la CGT), expresó: “Hemos
dado un paso fundamental en entender que la CGT representa a todos los
trabajadores”, y aclaró “haber entendido hace poco la realidad [de los/as
trabajadores/as de la Economía Popular] (…) Asumimos su representación y
tomamos sus reclamos en una agenda común” (Página/12, 25 de septiembre
de 2016, como se citó en González, 2021, s/p). Si antes del 2016 la CGT se
negaba a reconocer a estos sectores en calidad de trabajadores, las movi-
lizaciones y los acercamientos entre organizaciones tuvieron como efecto
instalar una identidad en la que los representados ya no son “aquellos que
no tienen que poner sobre la mesa” o “no empleables”, sino trabajadores sin
acceso a derechos.

Otras acciones dirigidas para conquistar mejoras para el sector fueron las
presentaciones de proyectos de ley, los lobbies para su aprobación y la par-
ticipación en debates parlamentarios (Muñoz, 2019). Si bien en este periodo
cesó la participación de las organizaciones en los organismos nacionales,
no lo hizo a nivel legislativo. La experiencia acumulada por la CTEP a la hora
de diseñar programas y leyes le permitió seguir impulsando propuestas
legislativas, entre las que se encontraron la LES, la Ley de Infraestructura
Social, la LEA, la Ley de Integración Urbana, Ley de Adicciones, Ley de Agri-
cultura Familiar. Entre ellas, se destaca la LES, que comprendía la creación
de un millón de puestos de trabajo bajo el Programa de Ingreso Social con
Trabajo (PRIST-Argentina Trabaja), la implementación del SSC (equivalente
al 50% del salario mínimo, vital y móvil), la creación del Consejo de la Econo-
mía Popular y del Registro Nacional de Trabajadores de la Economía Popular
(ReNaTEP). Esta propuesta organizó gran parte de la estrategia sindical de la
CTEP, no solamente por las movilizaciones masivas que se utilizaron como
estrategias, sino por las articulaciones que logró con otros actores sindica-
les y sociales que reconocían su reclamo, dando como resultado una cierta
capacidad de negociación con el gobierno que devino en la sanción de la
ley a fines del 2016. A pesar de que no se reglamentaron muchos de sus
aspectos, se establecía un marco para la implementación de políticas de in-
clusión social dirigidas a las trabajadoras y los trabajadores de la economía
popular, y se consolidaba un reconocimiento de la identidad construida: la
ley no los nombra como ‘efectores’ o ‘beneficiarios’, sino como trabajadores

María Antonia Muñoz, Ivana Parcero Páez y Agustina Rodríguez Irigaray

con derecho a la representación. Finalmente, en el 2017, en el marco de la
LES se logró implementar el SSC8 como forma de complementar el ingreso
monetario informal de quienes trabajaban en la economía popular. Aunque
el monto no lograba consolidar un salario digno para las trabajadoras y los
trabajadores de la economía popular, el SSC se convirtió en una herramienta
central para la CTEP en las dos dimensiones que se vienen mencionando: la
masividad del recurso conquistado con la estrategia sindical le permitió a la
organización ampliar su base de representación; por otro lado, en materia de
reivindicaciones políticas, el SSC desancla a los sujetos del carácter asisten-
cialista que reviste a los ‘planes sociales’ y bajo la categoría de salario los
reconoce como trabajadores y trabajadoras con ingresos insuficientes.

Diferentes autores señalan que, como estrategia para mejorar las condicio-
nes del sector, la LES tuvo sus limitaciones. Seiffer y Rivas Castro (2017) sos-
tenían que las políticas del macrismo reforzaron la fragmentación y la ten-
dencia a la asistencialización de la política social, consolidando a “sectores
cada vez más amplios de la clase obrera en sobrantes para el capital” (p. 107).
Hopp (2017) señalaba que esta ley abordaba las situaciones de vulnerabili-
dad social con una perspectiva de formación laboral que obstruía procesos
de cooperativización. Aun con estas limitaciones, la LES tuvo efectos políti-
cos significativos para analizar. Como señalan, Natalucci y Mate (2020), fue
la primera experiencia de política pública que la CTEP logró elaborar y trami-
tar legislativamente; logrando no solo su aprobación, sino la instalación del
debate por la economía popular como problema público. Además, permitió
reivindicar el rol de las organizaciones como entidades representativas del
sector. Como expresa una entrevistada:

Esta ley es producto de la lucha de más de cinco años. Una de las
conquistas es el salario social complementario que viene a reconocer
nuestro trabajo cotidiano como trabajadores de la economía popular y
a solventar algunas necesidades económicas en un contexto muy com-
plicado (…) Somos un sector históricamente marginado pero desde el
2015 nuestra situación es cada vez peor (Referente nacional de la CTEP,
comunicación personal).

La idea se reafirma en las declaraciones del Secretario General:
La gran conquista en términos materiales para los compañeros es el

salario social complementario. Muchos están dentro de los programas
de inclusión con trabajo como Argentina Trabaja y Ellas Hacen y hacen
tres o cuatro changas para sobrevivir porque con los 3500 pesos que
cobran no les alcanza. El Gobierno nunca se sentó a discutir en serio el

8- El SSC estaba atado al Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM), y representaba el 50%
de su valor.

La construcción de la representación gremial en la economía popular...

242 243

proyecto, nos acusaba de querer cobrar más planes (...) Pero lo funda-
mental para nosotros es el reconocimiento institucional de que somos
trabajadores: informales, de la economía popular, excluidos, pero traba-
jadores (Castro, 2017).

Como se puede observar, las acciones no solo estaban orientadas a au-
mentar los recursos para el sector, sino que en ese proceso actuó bajo el
supuesto de que los trabajadores y las trabajadoras de la economía popular
son tan dignos de derechos y reconocimiento como cualquier otro trabaja-
dor formal, a pesar de que se los consideraba “inempleables” o fuera de los
márgenes de la economía formal. En este sentido, esta disputa no solamente
suponía una modificación para el sector, sino que su reconocimiento econó-
mico, social y cultural suponía una redistribución de los lugares del resto de
los sectores.

2. El feminismo y el impacto en las estrategias
Aquí sostenemos que las disputas políticas y sindicales en torno al recono-

cimiento de la economía popular abrieron los caminos para otras luchas con
similares lógicas de funcionamiento. En este sentido, a medida que la orga-
nización se fue institucionalizando, articuló ciertas demandas de carácter fe-
minista, a través de prácticas orientadas a una doble dimensión: atender los
intereses particulares de ese conjunto de trabajadoras y poner en cuestión
el lugar al que son asignadas.

En 2017 se creó la secretaría de las mujeres y diversidad de la CTEP, con
el objetivo de visibilizar las problemáticas específicas de las mujeres y di-
versidades en el ámbito laboral, social y territorial, así como promover su
participación activa en la organización. Impulsada por referentas de distin-
tas organizaciones nucleadas en la CTEP, permitió consolidar la articulación
entre los frentes de mujeres previamente formados al interior de las organi-
zaciones. A través de esta estructura, se organizaron capacitaciones y activi-
dades orientadas a la igualdad de género, tanto en el trabajo como en la vida
cotidiana, pero también se promovieron espacios de articulación con otros
sectores sindicales y de la economía social, ampliando la base de acción
del feminismo dentro del sindicalismo. Esto representó una innovación gre-
mial dentro de la CTEP que debe entenderse en el marco de procesos más
amplios históricos y contextuales. Desde la formación del movimiento pi-
quetero, las mujeres han sido protagonistas en cooperativas y empresas re-
cuperadas, pero sobre todo en los territorios proveyendo la fuerza de trabajo
para sostener ollas y merenderos, huertas, roperitos, etcétera. El feminismo
popular tiene una amplia trayectoria en sostener que esto se trata de cuida-
dos comunitarios que deberían ser reconocidos como trabajos, no solamen-
te para ser objeto de ingresos y derechos, sino para dar la discusión en torno
al rol de las mujeres en las organizaciones y en la organización social del

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cuidado. (Campana et al., 2022; Fernández Álvarez et al., 2023). Este reclamo
se asocia al debate en torno a los cuidados como trabajos históricamente
invisibilizados. Lo interesante es que la creación de la secretaría dentro de
la CTEP los recupera, al articular los frentes de mujeres y las agendas de gé-
nero instaladas en cada una de las organizaciones. Asimismo, la creación de
la Intersindical Feminista en 2017 (conformada por las secretarias y ámbitos
de género de las centrales sindicales y organizaciones de la economía po-
pular) amplió el marco de alianzas de las mujeres de la CTEP compartiendo
la consigna “el sindicalismo es con nosotras” (Rodríguez y Chevalier, 2021).
Esta alianza colaboró con la legitimación, con la construcción de fuerzas co-
munes y con la generación de otros reclamos feministas9.

Previamente, las referentas de las organizaciones habían tejido alianzas
con organizaciones como el NUM. Para inicios del 2016, la CTEP se unió a
los paros internacionales de mujeres trabajadoras. Esto también colaboró
con poner en valor el trabajo de las mujeres de la economía popular hacia
adentro y hacia afuera de la organización. El 19 de octubre de 2016 se realizó
el primer paro de trabajadoras, incluso antes del paro que convocó la CGT
en 2017. En los sucesivos documentos de los paros, así como en las inter-
venciones públicas de la secretaría y las referentas de la CTEP, se hicieron
evidentes dos elementos.

En principio, se pone en cuestión el lugar de la mujer trabajadora en la bús-
queda de conquistas para el sector y el reconocimiento como “trabajadores
de la economía popular en general”. En segundo lugar, se observa la forma-
ción de un “nosotras” de las trabajadoras de la economía popular. De este
modo, las mujeres de CTEP se consideraban incluidas en los reclamos por
denominarse como ‘trabajadores’ y desmarcarse de la categoría de ‘pobres’,
pero a su vez resaltaban como el modelo económico y social excluyente las
tenía como principales perjudicadas. Reconocían su organización y recupe-
raban como propias las estrategias generales de la CTEP, pero reorganiza-
ban los sentidos de lo que eran las trabajadoras, generando efectos sobre la
propia organización y sobre un campo más amplio.

Así, comenzaron a articular las demandas propias del sector en materia
de reconocimiento laboral con las asociadas al reconocimiento del cuidado
en calidad de trabajo, reivindicación propia de lo que ellas denominan su
feminismo popular10. No es una novedad que la organización de la repro-

9- Por ejemplo, la de mayor presencia en los espacios de decisiones de las organizaciones
y demandas gremiales asociadas al género, que se reflejaría en la formación de la Unión de
Trabajadores de la Economía Popular en 2019.
10- Si bien hay un conjunto de literatura que señala cómo la economía feminista, el femi-
nismo popular y la economía popular se encuentran, aquí no nos interesa abordar cómo
fue la apropiación de la teoría por parte de las trabajadoras sino cómo efectivamente pro-
pusieron transformaciones en clave política.

La construcción de la representación gremial en la economía popular...

244 245

ducción social en la economía popular se ha dado a través de infraestructu-
ras comunitarias, desafiando la idea de que los cuidados son responsabili-
dad individual o privada (Bruno, 2020). Pero la formación de la rama socio
comunitaria representó una innovación política que comenzó a poner en
cuestión el lugar que ocupaban una amplia gama de tareas, no asociadas
comúnmente al trabajo, pero si catalogadas por las organizaciones como
militancia o más ampliamente y socialmente a lo afectivo y a lo femenino
(Parcero Páez, 2023). De esta manera, las estrategias sindicales y políticas
de la CTEP en general, la oportunidad generada producto de la LES y el SSC,
las discusiones académicas políticas asociadas a la economía feminista y la
economía popular y las iniciativas generadas por las mujeres referentas de
las organizaciones fueron centrales para esto.

El SSC se distribuyó desde el MDS por ramas de actividad; entre ellas, los
servicios sociocomunitarios que agruparían a las personas que trabajaban
en la atención de merenderos y comedores, huertas, salud, cuidados y coo-
perativas de cuidados y servicios de merenderos. Esto habilitó la posibilidad
de la constitución de la rama sociocomunitaria y de la puesta en valor de lo
que tradicionalmente se llamaba como tareas militantes o tareas de cuida-
dos11. Esto sirvió como plataforma organizativa para reforzar los procesos de
revalorización de las tareas de cuidados en calidad de trabajo en el contexto
comunitario. La demanda de reconocer esas actividades como trabajo cen-
tralizó una parte importante de la estrategia sindical y política asociada a las
demandas por la igualdad de género que incluso continuarían más allá del
gobierno de Macri (Muñoz et al., 2025; Zibecchi y Campana, 2025). Estas,
mayormente feminizadas, eran fundamentales para el desarrollo territorial
de las organizaciones, incluso desde antes de la formación de la CTEP, pero
no eran consideradas como trabajo, sino como “militancia”. Incluso con la
formación de la rama, aún se sostenía una fuerte concepción del trabajo
“productivo” como aquel que generaba valor.

A principio del 2018, la intensificación de las acciones en relación con la
demanda de la LEA, reposicionó la rama hacia el interior de la organización.
Mientras crecían los comedores y merenderos como decisión de la CTEP
para enfrentar la crisis alimentaria, la organización pedía por más recursos
alimentarios al gobierno. Esto ofreció otro marco de oportunidad para resig-
nificar las actividades sociocomunitarias. ¿Se trataba de tareas de asistencia

11- Al principio agrupaba en su interior una diversidad de ocupaciones: trabajadorxs de co-
medores y merenderos comunitarios, promotoras de género y de salud, acompañantes en
la reinserción de liberadxs y/o recuperadxs, cuidadorxs cooperativizadxs y no organizadxs
de personas dependientes, trabajadorxs de ámbitos socio educativos, de cultura comuni-
taria, tareas vinculadas al deporte, la recreación y medios de comunicación comunitaria
Según el ReNaTEP, en el año 2022 era la segunda más grande de la UTEP, con el 28,8% del
total personas inscriptas (ReNaTEP, 2022).

María Antonia Muñoz, Ivana Parcero Páez y Agustina Rodríguez Irigaray

social frente a la crisis producida por el macrismo o trabajos legítimos de
la economía popular? Las referentas reivindicaron que esas eran también
trabajos (no solo militancia o amor), acoplándose a la estrategia político-sin-
dical de la CTEP y revisando el rol de las mujeres dentro de la organización.
Estas discusiones planteadas por las voces de este feminismo popular, co-
menzaron a discutir el lugar de los cuidados comunitarios hacia el interior de
la organización en un contexto de crecimiento de la pobreza y los comedo-
res populares (Lazarte et al., 2020; Campana et al., 2022). Así, las alianzas,
las innovaciones institucionales y la trayectoria de las trabajadoras de la
economía popular fueron factores que colaboraron con construir una posi-
ción diferencial, pero articulada tanto dentro de la CTEP como al movimien-
to feminista de las demandas sociocomunitarias12. Los cuestionamientos al
“ajuste”, al “neoliberalismo” y a la exclusión del mercado laboral, además de
la búsqueda de reconocimiento del trabajo de la economía popular como
sede de derechos, se articularon con un elemento novedoso la disputa por la
igualdad de género. Además, este proceso sentó las bases para que, luego
del 2019, durante la pandemia y en el contexto de un gobierno de otro signo
político, se visibilizaran aún más estas discusiones no solo hacia el interior
de la organización sino hacia el conjunto de la sociedad (Parcero Páez, 2023;
Muñoz et al., 2025).

Conclusiones
Durante el gobierno de Macri, la CTEP tuvo una estrategia bifronte. A la vez

que intentó constituirse en un sindicato, fue construyendo un colectivo de
trabajadores y trabajadoras que no era identificado como tal y que introdujo
un conflicto político dentro de la escena pública. Como organización, impul-
só un conjunto de prácticas orientadas a conquistar beneficios para su base
de representación. Pra ello construyeron lugares y prácticas de enunciación
novedosos que suponían reordenar las estructuras de poder vigentes y de-
safiar la narrativa dominante, discutiendo las formas en que se pensaban
las instituciones, la economía y el Estado. A través de las movilizaciones, la

12- Las intervenciones comenzaron a reclamar más asistencia alimentaria, pero en el con-
texto de poner en cuestión al gobierno y sus políticas consideradas neoliberales. Los argu-
mentos generales que se volcaban a la opinión pública sostenían que había un crecimiento
de los trabajadores y las trabajadoras de la economía popular porque había cada vez más
exclusión del mercado laboral formal. El crecimiento de los comedores en un principio fue
tramitado como un problema asistencial. No obstante, ahí surgió una tensión. La presión
del discurso del movimiento feminista en el espacio público y hacia el interior de las orga-
nizaciones permitió ir ubicando el “problema del género” en la interpretación de los proce-
sos. Por ejemplo, el crecimiento de los comedores también se comenzó a problematizar en
relación con el reconocimiento del trabajo sociocomunitario en tanto tal y la necesidad de
crear también estrategias sindicales para este sector.

La construcción de la representación gremial en la economía popular...

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demanda de la personería gremial y la presentación de proyectos legislati-
vos y la construcción de alianzas, la CTEP intentó conquistar recursos para
el sector a través de la lógica del derecho a tener derechos. Desafió no solo
la narrativa sino las relaciones de poder que los ubica en un lugar subsidia-
rio, proponiéndose a sí mismos y a sí mismas como trabajadores y traba-
jadoras. Además, construyó un enemigo común con otros actores a través
de la denuncia del ajuste del modelo neoliberal, incorporando exclusión del
mercado laboral como fenómeno estructural y proponiendo una solución: el
reconocimiento del trabajo en la economía popular. Las alianzas con actores
como la CGT, la CTA y la Iglesia Católica bajo el liderazgo del Papa Francisco
ampliaron el respaldo social de la organización y contribuyeron a legitimar
sus demandas en el plano público, así como la consolidación de una línea
demarcatoria con el gobierno. A pesar de las limitaciones en la implementa-
ción de las políticas y de las propias propuestas, la CTEP logró avances sig-
nificativos en la consolidación de su base de representación y en la disputa
por el reconocimiento político de la economía popular como parte de la clase
trabajadora argentina.

Estas estrategias políticas asociadas al reconocimiento que suponía la re-
configuración de lo común, del Estado y de la economía, se enlazaron con la
puesta en cuestión de las desigualdades de género y una discusión en torno
a lo que significaba el cuidado como trabajo y como medida de bienestar
social. En un contexto de un gobierno que se apropió del feminismo como
una herramienta de legitimación política, incorporando una retórica de igual-
dad, las posiciones feministas dentro de la CTEP marcaron una distinción al
señalar la precarización y la ausencia de políticas de cuidado reales. Durante
este periodo, la CTEP comenzó a problematizar dos elementos que serían
claves en los años subsiguientes, la paridad de género dentro de los cargos
ejecutivos en todos los niveles y el carácter asignado al trabajo de cuidados
comunitarios. A partir de la creación de espacios de género, las alianzas con
otras organizaciones del sindicalismo feminista y popular, y también en el
marco de los procesos más generales (como la formación del SSC), se die-
ron los primeros pasos para poner en valor a las mujeres que trabajaban en
la economía popular y a los trabajos asociados a ellas, en particular a los
pertenecientes al ámbito sociocomunitario, que se encuentra ampliamen-
te feminizado y designado a lugares de militancia o asistencia social. Esto
no solo desafió las jerarquías laborales tradicionales, sino también las pa-
triarcales, reconfigurando las prácticas y los discursos tanto a nivel sindical
como político. Así, la formación de espacios de alianzas, las innovaciones
organizativas y las demandas y voces asociadas a la igualdad de género y el
lugar de los cuidados, le agregaron matices nuevos a la puesta en cuestión
del neoliberalismo y el patriarcado.

No se ha intentado discutir aquí simplemente el éxito o fracaso de esas es-
trategias en materia sindical, material o económica. De nuevo, las conquistas

María Antonia Muñoz, Ivana Parcero Páez y Agustina Rodríguez Irigaray

fueron realizadas en un contexto de crecimiento de la precarización laboral
y la pobreza que impactó de manera diferencial a los géneros. Esto marca
el margen de creatividad que pueden adoptar los colectivos en contextos
adversos. Los grados de conflictividad, las propuestas legislativas, las trans-
formaciones en los aspectos organizativos y la creación de nuevas alianzas
permitieron ganar recursos para el sector, a la vez que reposicionar en un
escenario más amplio a una identidad política, conflictiva y tensionada.

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